LA APOSTASÍA NO ES LA PÉRDIDA DE LA FE, SINO LA DESERCIÓN DE LA VERDAD.
En la segunda carta a los tesalonicenses escrita por el apóstol Pablo (capítulo 2, verso 3), nos revela que nuestro Salvador Yeshúa no vendrá sin que antes venga la apostasía y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición. Por el contexto de la lectura, discernimos que esta carta fue escrita a mediados del siglo primero de la nueva era cristiana; TIEMPO EN QUE YA ESTABA EN ACCIÓN “EL MISTERIO DE LA INIQUIDAD”, revelado por el mismo apóstol en mención (verso 7).
Muchos estudiosos de la biblia piensan que la apostasía se da cuando las personas pierden la fe en el Eterno o en Yeshúa; y no propiamente es así; toda vez que el engañador que menciona el apóstol Pablo en su carta a los tesalonicenses, vendría a cambiar la verdad que enseñó nuestro Salvador Yeshúa por su mentira a través de las religiones; y esa era la advertencia cuando decía “QUE NO OS DEJÉIS MOVER FÁCILMENTE DE VUESTRO MODO DE PENSAR” (verso 2). Es decir, por la revelación divina que el apóstol Pablo había recibido, conocía que ya para ese tiempo, el engañador estaba en la tierra poniendo en práctica “la iniquidad” a través de falsas doctrinas contrarias a las verdaderas que enseñó el Mesías; y esa era la advertencia que el apóstol les hacía a los primeros cristianos; pero por la historia conocemos que, a través de los siglos, muchos aceptaron las doctrinas del engañador; y desertaron de la verdad enseñada por el Mesías Yeshúa; siendo esa, la apostasía que Pablo revelaba a la iglesia primitiva.
Pero, ¿Cuál es la verdad que debemos seguir?
El evangelio de Juan 17:17, nos dice: “SANTIFÍCALOS EN TU VERDAD; TU PALABRA ES VERDAD”.
Por otra parte, el apóstol Pablo en Romanos 7:7 nos revela que NO conoció el pecado sino por la ley; y complementa que LA LEY EN VERDAD ES SANTA, y el mandamiento santo, justo y bueno (Romanos 7:12). Por lo tanto, en discernimiento de lo revelado por Pablo, el NO conocer la ley del Eterno, nos lleva a NO arrepentirnos de nuestros pecados.
Entonces, Si nosotros queremos santificarnos en la verdad, debemos conocer y obedecer los mandamientos del Eterno contenidos en la Torah o en la ley. No podemos dejarnos confundir por aquellos que dicen que la ley fue abolida; porque ¿Qué sentido tendría las palabras de Yeshúa cuando les dijo a Sus discípulos que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito en Él en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos? (Lucas 24:44). O ¿será que lo profetizado en la Torah y en los profetas culminó con la muerte de Yeshúa? Si eso es así, ¿Qué sentido tendría la resurrección de Yeshúa para nuestra salvación si no conocemos el pecado por la ley? (Romanos 7:7).
El discernimiento más grande que podemos tener hoy en día sin temor a equivocarnos es que “LA VERDAD DEL ETERNO ESTÁ CONTENIDA EN LA TORAH O EN LA LEY”; y el el engaño del enemigo que ha implementado en esta nueva era desde la resurrección de Yeshúa, es hacer cambiar la ley y los tiempos, profetizado en el libro de Daniel 7:25; para lograr en el cristiano la apostasía, o lo que es lo mismo, la deserción de la verdad. La confusión de muchos cristianos ante esta verdad, es que se dejan limitar por la enseñanza de relacionar la ley con los rituales de sacrificio de animales; sin tener en cuenta lo que el apóstol Pablo nos revela en su carta a los Corintios, cuando nos afirma que Yeshúa (la Palabra) es nuestra pascua y fue sacrificada por nosotros (1 Corintios 5:7); al igual, el apóstol nos invita a celebrar la pascua, no con la levadura vieja de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad (1 Corintios 5:8).
Los sacrificios de animales solo eran rituales que prefiguraba a Yeshúa como el último Cordero de pascua que quita el pecado del mundo (Juan 1:29); es decir, la fe en Yeshúa como nuestro salvador, reemplazó los sacrificios de animales. Esa es la verdad; por lo tanto, no nos dejemos engañar en creer que la ley fue abolida, porque de resto Yeshúa no hubiera revelado que lo más importante de la ley es LA JUSTICIA, LA MISERICORDIA Y LA FE (Mateo 23:23); o ¿será que al abolirse la ley ya no habría mas justicia, ni mas misericordia y ni mas fe, siendo estas tres acciones lo importante de la ley? Si eso fuera así, ¿Qué sentido tendría entonces el ministerio de Yeshúa?
Por lo tanto mis amigos lectores,
vamos a mantenernos firmes en conocer y escudriñar las Escrituras del antiguo
testamento para así discernir y comprender las enseñanzas de los evangelios y las
epístolas. Conocer la ley del Eterno, los salmos y los profetas, nos da un mayor
entendimiento espiritual y nos ayuda a estar prevenido del engaño del hombre de
pecado; y fue por esa condición que Yeshúa restableció la enseñanza de la Torah
en el tiempo de Su ministerio; cuyo mandato al final, fue que se predicara el
evangelio del arrepentimiento por todo el mundo entero hasta Su segunda venida.
Que la paz de Yeshúa esté siempre con todos ustedes.
Amen.

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