LAS LLAVES DEL REINO DE LOS CIELOS (PRIMERA PARTE)

El único versículo de las Sagradas escrituras que menciona la expresión “las llaves del reino de los cielos”, es en Mateo 16:19; frase que tiene un gran significado en nuestras vidas cuando se trata de salvación eterna; toda vez que con ellas podemos atar y desatar en la tierra, para ser oídos en los cielos. 

El antecedente de esta expresión, se origina unos versículos antes del citado; entre los versículos del 13 al 18; cuando Jesús viniendo de la región de Cesárea de Filipo, hace una particular pregunta a sus discípulos, así: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?” (ver 13). Los discípulos respondiendo dijeron: “Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas” (ver 14). Jesús les vuelve a preguntar, ¿quién decís que soy yo?” (ver 15). Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente (ver 16). Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos (ver 17). Entonces Jesús continuó diciéndole a Simón Pedro: “Y yo también te digo, que tú eres Pedro (petros), y sobre esta roca (petra) edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (ver 18). 

El texto bíblico original del versículo 18 de Mateo 16, fue escrito en griego así: "καὶ ἐγὼ σοι λέγω ὅτι σὺ εἶ Πέτρος (Pedro), καὶ ἐπὶ ταύτῃ τῇ πέτρᾳ (Roca) οἰκοδομήσω μου τὴν ἐκκλησίαν, καὶ πύλαι ᾅδου οὐ κατισχύσουσιν.". 

Si empezamos a dar sentido a este versículo, podemos comenzar argumentando que, las rocas son los fundamentos de la corteza terrestre por excelencia; y toda construcción que se quiera fundamentar bien, debe estar apoyada sobre la corteza terrestre rocosas; tal y como lo revela la parábola del hombre que construyó sobre roca y el hombre que construyó sobre arena (Mateo 7:24-27). 

Teniendo en cuenta el texto bíblico original escrito en griego, la palabra Πέτρος (Petros), traduce al español, Pedro o piedra pequeña; y la palabra griega πέτρᾳ (petra), traduce al español “roca o piedra de gran tamaño”; por lo tanto, el versículo 18 de Mateo 16, traduciría al español así: “Y yo también te digo, que tú eres Pedro (piedra pequeña), y sobre esta roca (piedra de gran tamaño) edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”.

Como vemos, el texto original de Mateo 16:18, nos revela que Simón Pedro es la piedra pequeña y hace mensión de una roca o piedra de gran tamaño; que por su literatura, la roca es el fundamento de la piedra pequeña. Entonces, con base a lo anterior ¿Como puede la falsa doctrina romana enseñar que Simón Pedro es la roca mensionada en el versículo 18 de Mateo 16?    

El apostol Pablo nos confirma en su epistola a los Efesos, que la pincipal piedra angular es Jesucristo mismo; es decir; los apostoles y los profetas hacen parte del fundamento, pero no es la piedra principal o la roca.   

Efesios 2:20-22. edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.

En analogía a los anteriores versiculos, podemos decir que los apostoles y profetas son las zapatas de una edifición; pero tenemos que conocer que aunque las zapatas y las vigas que amarran conforman una cimentación, propiamente no son las zapatas y las vigas quienes mantienen en pie la edificación, sino la corteza terrestre rocosa de la tierra; y es por eso que para construir una edificación de gran tamaño, hay que profundizar su cimentación hasta dicha corteza; o lo que llamamos comunmente, hasta suelo firme; en este caso Yeshúa es la cortesa terrestre en el reino de los cielos, llamada "la Roca"; en griego "πέτρᾳ"; y es por eso que Yeshúa le daba a Simón Pedro bienaventuranza por haber reconocido que Él “es el Mesías o el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:18); es decir, Pedro reconocía a Yeshúa como el fundamento del templo, o de la edificación del que nos habla el apostol Pablo en efesios; y aunque Pedro no lo había dicho por sus propios conocimientos, Yeshúa sabía en ese momento que el discipulo tenía su corazón abierto a Él; convirtiéndose desde ese momento en el primer creyente o en la primera piedra pequeña que se edificaría sobre el principal fundamento, o sobre la Roca inquebrantable (πέτρᾳ (petra) del Reino de los Cielos. 

Abriendo entonces nuestras mentes al discernimiento, podemos interpretar que, para obtener las llaves del reino de los cielos, debemos reconocer que Yeshúa es la palabra del Dios viviente hecha carne que vino a redimir al mundo. Cuando reconoces que Jesús es el Mesías, el Cristo o el ungido, y pones toda tu confianza en Él, y perseveras en ese fundamento, entonces obtendrás espiritualmente las llaves para acceder al reino de los cielos. 

Todo el sentido del versículo 18 de Mateo 16, se centra en que Yeshúa siendo la Roca o el fundamento principal, empezaba a dar autoridad a los hombres o a las piedras pequeñas (Πέτρος (Petros), para acceder al reino de los cielos; y así mismo edificar el templo espiritual o Su iglesia. En pocas palabras podemos decir, que Simón Pedro fue la primera evidencia bíblica al que Yeshúa entrega autoridad a un hombre para atar y desatar; pero está mal interpretar que Yeshúa dio poder o autoridad a un hombre para decidir quién entraba o no al reino de los cielos; como la doctrina de la religión romana ha enseñado desde hace muchos siglos; usurpando el puesto de Yeshúa. 

El principal soporte para basarnos que, no solo a Pedro le fue entregado autoridad para atar y desatar en la tierra, lo encontramos más adelante en el mismo libro de Mateo, capítulo 18; donde el texto nos revela que los discípulos vinieron donde Yeshúa a preguntarle quien era el mayor en el reino de los cielos (Mateo 18:1); el cual el Mesías les responde con varias enseñanzas, donde finalmente otorga autoridad a todos sus discípulos de atar y desatar. 

Mateo 18:18-20.  “De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo. Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. 

Los anteriores versículos nos revelan que no solo Yeshúa dio autoridad a Simón Pedro para atar y desatar (Mateo 16:18), sino también a todo aquel que, en común acuerdo y congregados en Su nombre Santo, pide al que está en los cielos. Pero este poder no significa que los creyentes en el Mesías o en Cristo puedan controlar la tierra a su antojo, o autoproclamarse representante de Dios o sucesor de Pedro en la tierra; porque no es un poder físico el que se otorga, sino espiritual que da Yeshúa a todo aquel que en Él confiare. 

Todo aquel que tiene la voluntad de estudiar a profundidad las Sagradas Escrituras, adquiere el conocimiento para discernir correctamente la palabra de Dios; y cuando ya adquirimos estos conocimientos, empezamos a reconocer que Yeshúa es el Mesías o el Cristo esperado. El conocimiento pleno de la Palabra escrita en la biblia nos da el discernimiento que, Dios NO habla directamente al oído de los hombres como evidenciamos en los libros del antiguo testamento y del nuevo, con el apóstol Pablo; sino que nos habla a través de un corazón dispuesto o circuncidado; es decir, cuando una persona verdaderamente dispone o abre su corazón a Dios, Su Santo Espíritu deposita en ese corazón, información para revelación divina; tal y como le sucedió a Simón Pedro cuando Yeshúa preguntó a sus discípulos quien era Él; discerniendo entonces que, Pedro en esos momentos tenía su corazón abierto a las palabras de su Maestro Yeshúa; y fue quien pudo responder correctamente; porque el mismo texto en Mateo 16:17, nos revela que el apóstol no lo dijo por sus propios conocimientos, ni de haberlo escuchado de otra persona, sino por revelación del que está en los cielos; siendo el primero en recibir las llaves del reino de los cielos. 

Posteriormente a estos hechos, y antes de ascender Yeshúa al cielo, les ordenó a Sus discípulos esperar la llegada del Espíritu Santo; quien a su vez les daría poder de hablar en lenguas (Hechos 1:1-4). Con este poder, los comisionados de Yeshúa podrían predicar a toda criatura en todas las naciones del mundo para hacer discípulos (Mateo 28:18-20, Marcos 16:15, Lucas 24:46-49). Entonces, la gran comisión no se limitaba simplemente a convertir a las personas al cristianismo sin ningún conocimiento pleno de las Sagradas Escrituras; sino a darle autoridad a los discípulos a entregar las llaves del reino de los cielos a todo aquel que esté dispuesto a recibir las enseñanzas de Yeshúa; y así mismo convertirlos en pequeñas piedras (en griego Πέτρος – Petros), para seguir edificando sobre la Roca (en griego πέτρᾳ - petra), o sobre el fundamento en el mesías o en Cristo. 

Hoy en día después de casi dos mil años, la comisión continua con el mismo propósito, pero en medio de un mundo donde la enseñanza de Yeshúa ha sido distorsionada en masa por las religiones, especialmente por la romana dominada por la bestia; pero, no obstante, el poder de Dios es mucho más grande para guiar a Sus siervos en la comisión de continuar con la enseñanza cristiana, hasta que venga nuestro Mesías Yeshúa a gobernar por siempre.

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