¿HA SIDO LA LEY DEL ETERNO NUESTRO AYO?
Por: Jesús Ramírez del Valle.
Según el diccionario strong, el término “ayo” deriva de la palabra griega “paidagogós” (παιδαγωγόσ); definiéndolo como “siervo cuyo oficio era llevar a los niños a la escuela”. En nuestra
cultura occidental latina, este término se traduce como “tutor” o “pedagogo”.
El “tutor” en términos legales, es aquella persona responsable de "cuidar" y "guiar" a una persona que está incapacitada o no ha cumplido la mayoría de edad.
Esta práctica de tener un ayo o un siervo, era tan común entre los griegos pudientes para que se encargaran del cuidado de sus hijos desde la niñez hasta la pubertad. La principal responsabilidad del “ayo” como ya mencionamos, se basaba en “cuidar y guiar” a los niños que estaban a su cuidado. El ayo o tutor cuidaba que no se desviaran del camino hasta llegar al objetivo; pudiendo ser a la mayoría de edad o cumplir con un propósito.
En referencia al término en mención, el apóstol Pablo escribe una carta o epístola a los cristianos judíos de la comunidad de Galacia, por recibir noticias que se estaban desviando de las enseñanzas del Mesías; en primera medida, por querer “pervertir el evangelio” (Gálatas 1:6-7); y en segunda, por apoyarse nuevamente en “las obras de la ley” (Gálatas 3:2-3). El mensaje enviado por Pablo, contiene un comparativo de las prácticas griegas en mención con las de la ley del Eterno; revelándoles que dicha ley sirvió de ayo o de tutor al pueblo de Israel; por lo tanto, Israel debía entender que este ayo o tutoría había terminado, por referirse a que “ya el propósito fue cumplido en ellos”; teniendo en cuenta que el mensaje de Pablo era enviado a una comunidad judía creyente que conocía a fondo la ley del Eterno; y era de saber que con la muerte y resurrección del Mesías, debían enseñar con base al testimonio de fe, a todo aquel esperanzado en la salvación de su vida.
Gálatas 3:24-26. “De manera que LA LEY HA SIDO NUESTRO AYO, PARA LLEVARNOS A CRISTO, a fin de que fuésemos justificados por la fe. PERO VENIDA LA FE, YA NO ESTAMOS BAJO AYO, pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús”.
Entonces, es aquí donde el apóstol Pablo nos revela que "la ley y la fe están en armonía"; toda vez que los versículos anteriores nos confirman que la ley ha sido nuestro ayo o nuestro tutor representados en los diez mandamientos para llevarnos a Cristo. Pero surge la siguiente pregunta:
¿Qué pasa con las personas que no cumplen los mandamientos de la ley, pero si dicen creer en el Mesías o en Cristo?
La anterior pregunta la basamos en lo escrito por el apóstol Pablo en su carta a los romanos; revelándonos que no conoció el pecado sino por la ley; porque de resto no hubiera conocido “la codicia”; si la ley no dijera “no codiciaras” (Romanos 7:7). Entonces, es allí donde la ley es relevante para instruir al hombre y no caer frente al pecado; porque tomando ocasión por el mandamiento, Pablo afirma que lo engañó y lo mató; es decir, lo puso en riesgo de morir eternamente (Romanos 7:11). Igualmente, el apóstol reconoce que “la ley es santa y el mandamiento santo, justo y bueno” (Romanos 7:12); es decir, la ley nos prepara para la santificación a través de los mandamientos. Entonces el propósito de la ley es “cuidarnos” del pecado y “guiarnos” al camino de la santificación que conduce al Mesías o a Cristo Jesús, para recibir vida eterna.
El anterior mensaje, nos lleva a discernir que Pablo citó como ejemplo el décimo mandamiento de la ley (Éxodo 20:17), para enseñarnos que no conocer los mandamientos de la ley, nos pone en riesgo de pecar y de alejarnos de Cristo; y es el motivo por el cual, el Eterno en Su sabiduría añade la ley a causa de las transgresiones o del pecado, hasta que viniese la Simiente o el Mesías (Gálatas 3:19). Es decir, el Eterno puso un “ayo” o un “tutor” al pueblo de Israel hasta que viniera la Simiente o el Mesías (Gálatas 3:19). Un ejemplo que queremos mostrar, y siendo muy semejante al del apóstol Pablo, es el cuarto mandamiento (Éxodo 20:8-11); donde el Eterno ordena acordarse del “día de reposo”. Hoy en día las nuevas generaciones “no se acuerdan” que el día de reposo era el séptimo día; y lo justifican, ya sea diciendo que no es necesario, o ya sea haciendo remembranza al día que resucitó el Mesías; que entre otras cosas los textos bíblicos dejan muchas pistas que el Mesías no resucitó el primer día de la semana, sino el séptimo; pero la tradición pagana así lo impuso; y así mismo por la dura cerviz de los hombres, así lo practican.
Para el tiempo en que el Mesías empieza Su ministerio, igualmente el desconocimiento en la ley divina era grande; y la enseñanza por parte de las tribus que permanecían en la tierra prometida, estaba corrompida; en especial, por los lideres levitas. El ministerio del Mesías daba inicio entonces con el anuncio del evangelio del arrepentimiento.
Marcos 1:14-15. “Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando EL EVANGELIO DEL REINO DE DIOS, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; ARREPENTÍOS, Y CREED EN EL EVANGELIO”.
Esta tarea de iniciar la predicación del evangelio del arrepentimiento, se haría a través de los doce apóstoles; a quienes les dio poder y autoridad para anunciar el evangelio (Lucas 9:1-6). Después de esto, el Mesías escogió a otros setenta y dos para enviarlos de dos en dos a todo pueblo y lugar adonde Él pensaba ir (Lucas 10:1); todos estos hechos en mención sucedieron antes de la muerte del Mesías. Es por eso, que no hay que confundir “el evangelio del arrepentimiento” con “el evangelio de salvación o de la gracia”. En primera medida, los cuatro evangelios canónicos dan claras pistas que durante el tiempo del ministerio de Jesús, se predicaba “el evangelio del arrepentimiento”; que consistía en retomar las funciones del “ayo” o del “tutor” que estaban invalidadas, para presentárselas a las nuevas generaciones; quienes serían cuidadas y guiadas por el buen camino hacia el Mesías. Este ayo no solamente era para Israel, sino también para las naciones gentiles o extranjeras en cumplimiento a la promesa (Génesis 22:18). En segunda medida, para “el evangelio de salvación o de la gracia” fue comisionado el apóstol Pablo después de muerto y resucitado el Mesías. Este evangelio consistía en dar testimonio de resurrección (1 Corintios 15:1-4), no solo a Judá, sino también a las naciones gentiles; siendo la única oportunidad de recibir “la gracia del Eterno”, a través de la fe en el Mesías para vivir eternamente.
Paralelamente, los libros del nuevo testamento dan prueba de la puesta en marcha de estos dos evangelios; el primero, preparando el camino a “la santificación”; y el segundo, preparando el camino a “la salvación” a traves de la fe; toda vez que sin santificación no hay salvación (Hebreos 12:14). Entonces, podemos ver que “la ley del Eterno armoniza con la fe de los creyentes”; toda vez que, en nuestras vidas es necesario un “ayo” o un “tutor” que nos instruya como andar en el camino de la fe hacia la salvación eterna.
Lamentablemente, a través de los siglos siguientes al inicio de los evangelios en mención, la religión fue ocultando el primer evangelio, enseñando que la ley del Eterno ya no era necesaria; imponiendo nuevas creencias y nuevas doctrinas que ha llevado a la confusión a muchas personas; y por lo tanto, las pone en riesgo de ser condenadas. Entonces, lo anterior nos da respuesta al título de este estudio, confirmando que la ley SI ha sido el “ayo” o el “tutor” para mostrarnos el camino a la salvación; y por lo tanto hoy en día, tenemos que capacitarnos en las Escrituras Sagradas; para que con base en el testimonio del Mesías o de Cristo, enseñar la ley del Eterno a nuestro prójimo, cuya esencia va en torno a la justicia, a la misericordia y a la fe (Mateo 23:23).

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