ENTRE LAS DOS TARDES

 

Por: Jesús Ramírez del Valle. 

Desde el día cuarto de la creación, Dios estableció el calendario del hombre a través de dos lumbreras: La mayor (el sol) y la menor (la luna); el cual servirían de señales para las estaciones, los días y los meses (Génesis 1:14). A partir de ese día cuarto del año uno de la creación, el relato bíblico no menciona más datos del calendario hasta el diluvio, haciendo relación al año 600 de la vida de Noé para marcar el inicio de las lluvias. 

Génesis 7:6.Era Noé de SEISCIENTOS AÑOS cuando el diluvio de las aguas vino sobre la tierra”. 

El método para conocer cuántos años había transcurrido desde la creación hasta el año 600 de la vida de Noé, se puede obtener a través de las genealogías de la descendencia de Adán que encontramos en el capítulo 5 del libro de Génesis. Si sumamos esas genealogías bíblicas hasta el año 600 de Noé, nos da la fecha cronológica del año 1.657 despues de la creación; año en que da inicio el diluvio en la tierra. Versículos más adelante, el texto nos revela el día y el mes en que empezó la inundación.          

Génesis 7:11. “El año seiscientos de la vida de Noé, en EL MES SEGUNDO, A LOS DIECISIETE DÍAS DEL MES, aquel día fueron rotas todas las fuentes del grande abismo, y las cataratas de los cielos fueron abiertas”. 

Los meses y los años en la biblia no se contabilizan de la misma manera que el hombre hoy en día lo hace. Los meses por ejemplo se nombran numéricamente: Mes primero, mes segundo, mes tercero… hasta completar con el mes duodécimo o mes doce. A través de los diferentes libros del antiguo testamento de las Sagradas Escrituras, podemos evidenciar los doce meses que conforman el año bíblico de forma numérica. Igualmente los podemos encontrar en la biblia con nombres de origen sumerios como Abib, Ziv, Etanim y Bul; o con nombres de origen babilónico como Nisán, Iyar, Siván, y así sucesivamente hasta completar los doce meses; pero en este estudio no daremos mucha relevancia a los nombres de los meses sumerios ni babilónicos, sino a los numéricos.   

El versículo anteriormente citado (Génesis 7:11), nos revela que el diluvio dio inicio el día 17 del mes segundo; y las genealogías nos calculan que fue del año 1.657 después de la creación (Génesis 5). Cinco meses después, el arca reposó sobre el monte Ararat; es decir, el día 17 del mes séptimo del mismo año.   

Génesis 8:3-4. “Y las aguas decrecían gradualmente de sobre la tierra; y se retiraron las aguas al cabo de CIENTO CINCUENTA DÍAS. Y reposó el arca en EL MES SÉPTIMO, A LOS DIECISIETE DÍAS DEL MES, sobre los montes de Ararat”. 

Notemos algo importante en el anterior versículo. Las aguas decrecieron gradualmente en un tiempo de “150 días”; evidenciando cinco meses de 30 días completos. Como ya habíamos mencionado, a través de toda la narración histórica de la biblia podemos encontrar el conteo de los meses desde el mes primero (Éxodo 12:2) hasta el mes duodécimo (Ester 9:1); y de acuerdo a las anotaciones de Génesis 8:3-4, nos hace discernir que los meses para el tiempo del diluvio eran de 30 días completos; que, multiplicado por doce, el resultando para los días del año sería de 360. Para resumir, a partir del diluvio los años empezaron a contabilizarse con 360 días; o con 12 meses de 30 días completo cada uno. En un estudio titulado “COMO EN LOS DÍAS DE NOÉ”, evidenciamos que el calendario antes de darse el juicio diluvial, era de 364 días; pero las profecías bíblicas apuntan que, en el momento de iniciar un juicio por parte de Dios, los días se acortan; y fue precisamente lo que sucedió al iniciar el juicio diluvial, revelado en Génesis 8:3-4. El capítulo 24 del evangelio de Mateo nos profetiza que, para el juicio que se dará antes de la segunda venida de nuestro Señor Jesucristo, los días se acortarán.  

Por lo anterior expuesto, surge un interrogante basado en Génesis 8:3-4; el cual nos evidencia que al dar inicio el diluvio, los años eran de 360 días. Entonces, ¿En qué punto de la historia bíblica después del diluvio cambió el calendario a 365 días como se da en estos tiempos actuales? Para dar respuesta a esta pregunta y lograr el entendimiento pleno, es necesario profundizar más en este estudio.    

Después del diluvio cuando la tierra se reestableció de la inundación universal, la tarea encomendada por Dios a las 8 personas del arca, era la de procrearse y llenar la tierra (Génesis 9:1). El tiempo trascurrió, y con varias generaciones desde Noé ya repoblada la tierra, Dios escoge a un hombre para que, a través de su descendencia establecer un pueblo santo con la promesa de vivir en una tierra fértil. Para Israel, nombre al que Dios le dio al nuevo pueblo, el proceso no sería fácil; toda vez que tendrían que pasar por grandes dificultades; entre esas, la esclavitud por parte de un imperio opresor que había surgido siglos antes; y posteriormente, la travesía por un desierto que lo conduciría hacia la tierra prometida.

Una de las primeras ordenanzas que Dios le da al pueblo de Israel, fue guardar el mes de Abib para celebrar la pascua; en el que conmemoraría anualmente su liberación de la esclavitud de Egipto.

Deuteronomio 16:1. “Guardarás el mes de Abib, y harás pascua a Jehová tu Dios; porque en el mes de Abib te sacó Jehová tu Dios de Egipto, de noche”.     

La palabra Abib o Aviv en hebreo, traduce al español “primavera”. El libro de Levítico nos confirma que Dios ordenó celebrar la pascua en el mes primero.

Levítico 23:5. EN EL MES PRIMERO, a los catorce del mes, entre las dos tardes, pascua es de Jehová.

Entonces, de acuerdo a los anteriores versículos, el mes de Abib o Aviv es el mes primero del calendario bíblico; y sería el mes en que celebraría el pueblo de Israel las primeras fiestas solemnes, entre esas la pascua. Con el mes de Abib (Aviv), la primavera da inicio en el hemisferio norte; zona horaria donde se localiza geográficamente el actual medio oriente o la nueva nación de Israel (la tierra prometida de la historia bíblica). Por otro lado, el pueblo de Israel al establecerse en la tierra prometida, la labra para desarrollar la agricultura; siendo el grano de cebada y trigo la principal materia prima para su dieta alimenticia; y es precisamente por esa actividad, donde aprenden a diferenciar las estaciones del año, principalmente la primavera. En la región del medio oriente a pesar de darse las cuatro estaciones, no cae nieve durante el invierno, sino intensas lluvias. En el inicio de la primavera el grano de cebada empieza a madurar; y para el final, el turno de maduración es para el grano del trigo; materia prima indispensable para la elaboración del pan.

Levítico 23:6. Y a los quince días de este mes es la fiesta solemne de LOS PANES SIN LEVADURA a Jehová; siete días comeréis panes sin levadura.  

Como mencionamos el pan de esa época derivaba del grano de cebada que empezaba a madurar entrando la primavera o entrando el mes de Abib (Aviv). Para resumir, la primavera marca el inicio del año bíblico, llamado también “año agrícola”. Científicamente es al comenzar el equinoccio de primavera; derivando igualmente al comportamiento de las fases lunares. 

En lo que respecta a las fases lunares, solo hay dos en el calendario de 360 días o bíblico, así: La luna nueva, que se percibe en el cielo oscuro el primer filamento de luz en forma de cuerno; y la luna llena, que se percibe cuando la luna se encuentra totalmente iluminada. Estas dos fases tienen un periodo de 15 días cada una; dándose primero el periodo de luna nueva, el cual marca bíblicamente el inicio del mes. Aunque la biblia no revela explícitamente que la luna nueva marca el inicio de mes, el idioma hebreo en que fue escrito el antiguo testamento si lo hace. La palabra hebrea para «Mes» es «Hodesh»; que significa también «luna nueva, mensualmente y primer día del mes». Desde la perspectiva del lenguaje hebreo, se sobre entiende y va implícito, que la Luna Nueva da comienzo al mes. Esta es la razón de porque no hay discusión entre las diferentes corrientes judías (rabínicas, karaitas, etc.). Esta palabra Hodesh, aparece 276 veces en la Tanaj; de las cuales 254 se traduce como «Mes», 20 como «Luna nueva» y 1 como «mensualmente».  

Por otro lado, el capítulo 23 del libro de levítico nos revela el día en que se debe celebrar la pascua, citandolo nuevamente para no olvidarlo.

Levítico 23:5. en el mes primero, a los catorce del mes, ENTRE LAS DOS TARDES, pascua es de Jehová.

El día en nuestro calendario gregoriano u occidental, da inicio a las 12:00 de la media noche; y termina a las 11:59 pasado del meridiano para completar las 24 horas. En el calendario bíblico no es igual; toda vez que el día comienza en el crepúsculo de la tarde; es decir, cuando ya siendo de tarde, empieza a anochecer (entre oscuro y claro). La palabra crepúsculo significa «cuando raya el día o la noche»; toda vez que se da el crepúsculo de la tarde y el crepúsculo de la mañana. Ese es el motivo por el cual el versículo bíblico encierra el día con la expresión «entre las dos tardes». Es como decir en nuestro calendario para definir un día completo «entre las dos medias noches».   

En conclusión, el mes primero (Abib o Aviv) del calendario bíblico, da inicio con la primera luna nueva a la entrada de la primavera (equinoccio de primavera). Y el primer día del mes da inicio en el crepúsculo de la tarde con el filamento de luz de la primera luna nueva. En esta época actual, y por estar la ciencia tan avanzada, no necesitamos estar mirando al cielo para contabilizar los días, los meses y los años; pero en la antigüedad si era prioridad hacerlo; principalmente para estar atento a las cosechas en los tiempos de siembra y ciega.   

Retomando el interrogante, ¿en qué punto de la historia bíblica después del diluvio cambió el calendario a 365 días como se da en estos tiempos actuales? Necesitamos para dar respuesta, el discernimiento total por parte del Espíritu Santo; el cual nos brinda un pasaje escrito en el libro de Isaías, capítulo 38; donde nos narra que Ezequías, rey de Judá, enfermó gravemente; y en su lecho de muerte recibió la visita del profeta Isaías donde le anunciaba por boca de Dios, que ordenara su casa porque iba a morir. El rey al escuchar al profeta, lloró intensamente recordándole a Dios que siempre hizo lo agradable a Sus ojos; siendo escuchado por Dios, alargándole la vida por 15 años más. Lo interesante del relato no fue que Dios alargó la vida de Ezequías, sino la señal de retroceder 10 grados la sombra del sol en el reloj de Acaz.

De acuerdo a información astronómica realizada por los científicos actuales, el circulo imaginario de la tierra está dividido en 360 grados (cada grado tiene 60 minutos o una hora); que así mismo, dividido entre 12 horas de luz solar (día promedio), el resultado es de 30 grados por hora. El texto bíblico de Isaías nos confirma que Dios retrocedió la sombra del sol 10 grados en el reloj de Acaz; y aunque arqueológicamente no hay vestigio de ese instrumento tecnológico, no tiene relevancia en lo que respecta a lo astronómico; toda vez que 10 grados, es la tercera parte de una hora; homologado entonces esos 10 grados, a 20 minutos. En resumida, el Eterno retrocedió el tiempo en 20 minutos. Este hecho científicamente, hace énfasis al alargamiento de una trayectoria cósmica.

Aunque la biblia ciertamente se limita a revelar que el Eterno retrocedió la sombra del sol en 10 grados, nuestro discernimiento si nos hace pensar que fue en ese punto de la historia bíblica, que el calendario de 360 días pasara a 365; porque en los cientos de versículos del antiguo y nuevo testamento después del relato diluvial, solo en el capítulo 38 de Isaías, y repitiéndose en 2 Reyes 20:1-11, se evidencia la intervención por parte de Dios en la astronomía de la tierra. Igualmente, datos históricos evidencian que, aproximadamente siete siglos antes de Cristo, las civilizaciones antiguas comenzaron a notar cambios en las estaciones climáticas, el cual afectaban sus cultivos; coincidiendo aproximadamente la fecha en mención, con nuestra cronología bíblica. Estos cambios originaron que estas civilizaciones ajustaran su calendario a las nuevas condiciones del tiempo.

¡El que tenga entendimiento, que entienda!

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